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Producción de la obra

Siguiendo los conceptos mencionados, se articuló una obra que reflexionara sobre el cuerpo y el archivo como lenguaje desplazado hacia la idea y puesta en montaje de la poética de lo impermanente-efímero, objetivado principalmente, en la voz y el cuerpo como recurso sonoro y evocador.

Una de las primeras operaciones para la producción de la obra fue la construcción de un meta-archivo sonoro a partir de la generación de tipologías sonoras devenidas de la re-fragmentación de algunos documentos depositados en el archivo del Museo de la Memoria y de las entrevistas a las participantes de la huelga, además de la producción de palabras claves sacadas de los documentos mencionados. A partir de estas tipologías sonoras  se produjeron diferentes cadencias sonoras por medio de la manipulación de los volúmenes, ritmos de lectura, entonación, frecuencia y género del hablante.

Las tipologías sonoras fueron:

Testimonios de las huelguistas y ayudistas: secuencia de lecturas planas –sin dramatización– de los fragmentos de textos sin identificación del hablante y por medio de tres lectores: una mujer y dos hombres

Nombres de los huelguistas: pulsos de una voz de hombre con un efecto de megáfono, emulando al imaginario de los llamado por bando.

Nombres de los desaparecidos: susurros de una voz de mujer en un volumen muy bajo y contante, como signo de una presencia constante y fantasmagórica.

– Sonidos de respiraciones: sonido continuo de género indistinto, hombres y mujeres.

Palabras claves: pulsos de voz dura de mujer con un volumen alto.

Cartas: secuencia de una voz de mujer que dramatiza el contenido del texto.

A partir de estas tipologías sonoras, archivo de voces y sonidos corporales, se produjo una composición-instalación sonora dispuesta en el espacio de la Galería de la Memoria –Museo de la memoria y los derechos humanos– a través de la intervención espacial de 23 parlantes en que cada uno de ellos contenía una tipología sonora –una pista de audio–, de los cuales 15 parlantes se colocaron dentro de plintos[1] generando de este modo un recorrido sonoro en que el sonido estaba compuesto a través de zonas sonoras intermitentes,  pulsos y constancias, y sonidos fijos como fueron los nombres de los desaparecidos y las respiraciones que estaban montados en el muro. La idea fue generar la puesta en montaje de lo fantasmagórico a través del sonido y de la ausencia del cuerpo, generando una extrañeza en un espacio que se vuelve sacro, ritual y a su vez mortuorio, el espacio Museo, el museo de los muertos, un lugar por si lleno de fantasmas que deambulan. Escenificado en el sonido de la voz hablante, que reclama justicia y que a la vez repara en cosas como el olor, el cuerpo, la lluvia, los sonidos, la luz, que a modo de residuos vitales (Huberman), reactivaban fantasmalmente fragmentos de un acontecimiento revisado en el presente, reproducido ahora por máquinas ocultas: “algo siniestro, [ocurre] en la brecha que permite que una máquina, sólo con recursos mecánicos, produzca algo tan único como la voz y el lenguaje.” (Dolar, 18). Este recorrido sonoro, dispuso en el espacio el relato fragmentado sobre la huelga de hambre, generando la narrativa de la imposibilidad de asir una verdad absoluta, pues no hubo una búsqueda por instalar el documento archivado como una realidad posible, sino mas bien, la puesta en montaje de un estado de las cosas, de un estado del cuerpo, de un estado emocional, de búsquedas inconclusas –susurros de nombres de los desaparecidos–,  de relatos a veces inconclusos, una articulación de la ausencia.

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Se instaló en uno de los muros de la sala registros fotográficos de piezas una selección del archivo correspondiente a: cuatro cartas –escritas a mano–, una fotografía grupal, veintiséis fotografías en pequeño formato –una foto de cada huelguista–, cinco cables recibidos del exterior transcritos a mano, dos fotografías de objetos[2] y una impresión con calidad fotográfica con los nombres de los familiares desaparecidos de los huelguistas. La selección de los documentos se hizo pensando en establecer relaciones entre el sonido y lo escrito en los documentos, de poner rostro a los huelguistas mediante el rescate de una fotografía en que aparecía cada uno de ellos fotografiados tipo carnet, por si llegaban a ser detenidos por la DINA. El muro se estructuró en base a constelaciones de sentido entre los documentos, que mediante manipulaciones de tamaño del original generaba además de la estetización del mismo, la posibilidad de acceso a su contenido, permitiendo poner en valor un documento que se encontraba depositado en el archivo. Así operando como atlantes (Warburg), las relaciones espaciales de las imagenes activaban una memoria viva y no cerrada, una lectura de residuos vitales (Huberman).

La operación estableció a su vez la relación dialógica entre la imagen que evocaban los sonidos –la voz del testimonio y los sonidos del cuerpo– y el sonido que evocaban los registros fotográficos.  Por otro lado la operación de la escritura, inscribió los nombres de los desaparecidos y los fragmentos del cotidiano como gestos supervivientes (Nachleben), como “tiempos enterrados justo bajo nuestros pasos y que resurgen haciendo tropezar el curso de nuestra historia.” (Humberman, 305)

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La voz en esta obra fue activada en ausencia de un cuerpo real, es activada por un cuerpo tecnológico –parlantes/plintos–, al estar perdido el original –desaparecido–, lo fantasmal de la voz emerge como un capital político que remece –que irrumpe en tiempo presente y efímero–, lo contenido en el archivo como lo incontenible, el desborde del cuerpo del contenedor, el sonido como un desborde que se transmite espacialmente haciendo difusas las fronteras entre cuerpo, sonido, espacio y archivo.

Verónica Troncoso



[1] Plintos de color negro de 20 x 20 x 20 y de alturas variables: dos de 2 mts., 8 de 1,80 mts. y 5 de 1,60 mts.

[2] Estos objetos corresponden a: un pañuelo y una medalla elaboradas por presas políticas, ambos objetos tienen inscrita la frase: “el dolor del hambre no se compara con el dolor de no saber del ser amado”, frase acuñada por Aminta Traverso (Q.E.P.), durante la huelga de hambre. Objetos que una vez terminada la huelga, les fue entregado a cada uno de los ellos, en una ceremonia de bienvenida en la vicaría de la solidaridad.

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